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Archivo de la etiqueta: Historia de la lengua

La cuestión de los criterios y las propuestas para la zonificación dialectal en la América hispanohablante entronca con una vieja discusión que recorre no solo el debate lingüístico teórico sino también la opinión general: ¿qué es un dialecto? ¿cuáles son los límites entre dialecto y lengua? ¿qué razones y características se atribuyen a cada una de estas entidades?. Los fragmentos seleccionados a continuación reflexionan sobre este hecho, el primero desde la perspectiva de la división dialectal americana y el segundo desde la función misma de la dialectología.

Antes de adentrarnos en las propuestas realizadas hasta ahora, compartiremos estas dos lecturas y en clase luego de las cuales os propongo que cada uno reflexione acerca de cuál cree que es su dialecto y qué característica o características principales le atribuiría, de esta manera completamos la entrada con vuestros comentarios.

La división dialectal del español de América: reflexiones y propuesta de trabajo
Pilar García Mouton
Directora del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Madrid (España).
En Congresos Internacionales de le lengua española (cervantes.es)
(…)

¿Nuevas propuestas?

Hacer nuevas propuestas aquí y ahora podría resultar pretencioso. El tema de la división dialectal del español de América es, como ya se ha dicho, un tema clásico por resolver,
sin embargo, está claro que los acercamientos a él han ido variando. Para empezar convendría aclarar qué entendemos hoy por dialecto, porque, desde que se hicieron las
primeras propuestas, el concepto de dialecto ha evolucionado considerablemente. Sin
que haya perdido su sentido tradicional, más bien geográfico, hoy se incluye en su
significado también el sentido social. Preferimos hablar de variedad y de variación, porque dialecto es un concepto escurridizo.

En Europa, cuando hablamos de dialecto, surgen las connotaciones peyorativas, porque la referencia inmediata es a una variedad popular, de bajo nivel cultural y lingüísticamente marginal, frente a una norma culta poderosa. Cuando hablamos de zonas dialectales en América, hablamos de otra cosa: de un territorio enorme, donde el español se desarrolló en circunstancias muy diferentes de una zona a otra, con distintas fechas de introducción, distintas lenguas con las que entró en contacto, distintas geografías y una historia diferente en muchas naciones con variedades cultas a veces bien diferenciadas. Y no conviene olvidar que los rasgos dialectales son un factor de identificación cultural y de cohesión social; tampoco, que hay variedades con más o menos prestigio y variedades con más o menos poder económico.

Como en tantas otras cosas, el peligro de hablar del español de América, e incluso de
estudiarlo, desde la mentalidad española está en la distorsión que haya podido producir el aplicar en tierras americanas criterios válidos para realidades lingüísticas europeas. Y esto que en ocasiones se ha interpretado como prepotencia, casi siempre ha sido, en el mejor sentido de la palabra, un conjunto de prejuicios. Por otra parte, teniendo en cuenta que hasta hace poco en España —de todos modos, nunca tanto como en Francia, por
ejemplo— se educaba para encubrir los rasgos propios de las hablas diferentes de la considerada normativa, se puede explicar, que no justificar, la deformación de partida de quienes no creían que las variedades del español americano tuvieran derecho al uso culto.

En cualquier caso, estos prejuicios no debieran darse entre lingüistas, y menos entre dialectólogos, a quienes hay que suponer apasionados precisamente por la variación.
En América esta existencia de diversos centros de irradiación cultural ha propiciado que la variación se dé en todos los niveles, como señaló José Pedro Rona, en su profunda reflexión Aspectos metodológicos de la dialectología hispanoamericana (Montevideo, 1958). Por tanto, el estudio de las normas cultas debe hacerse también en su vertiente dialectal, sin olvidar los niveles más populares tradicionalmente estudiados por la dialectología en
Europa. El concepto de variedad o dialecto debe, pues, tomarse aquí en todas sus facetas, geográfica, cultural, política, areal. Y, junto a él, no se debe olvidar la importancia del polimorfismo, tantas veces señalado por Juan M. Lope Blanch, que, sin duda, marca una diferencia grande entre la ebullición de los dialectos americanos y la fijeza de los antiguos dialectos históricos europeos, poco relacionados con una norma externa o bien
diferenciados respecto a ella en una situación casi diglósica. Porque las variedades del español americano —cultas y populares— están tan vivas y tan en evolución como las variedades meridionales del español peninsular. Y ése es su interés principal como motor de la lengua común, sin olvidar que la nivelación que se pueda llegar a dar en el futuro
tendrá mucho que ver con el número de hablantes, desde luego, pero también con el poder de cohesión de la variedad que consiga ser reconocida por esos hablantes como norma de referencia cultural.

Criterios

Visto lo anterior, para definir áreas dialectales hay que partir de unos criterios que sistematicen la clasificación. Pero ¿cuáles fijar? ¿Por qué unos y no otros? Hasta ahora el fonético ha sido el preferido, pero tiene sus pegas; sólo el voseo, de entre los demás posibles, ha alcanzado su mismo rango. Sin embargo, el voseo, como resto de un sistema de tratamientos en reajuste, no tiene el mismo nivel social en toda América: mientras en unos países está prestigiado o tiene usos muy definidos, en otros es un rasgo marginado, casi oculto, y poco estructurado, difícil de detectar y mal conocido. Rona hizo ver que su
importancia radica en que es un elemento de perturbación en el sistema verbal con muchas consecuencias morfosintácticas.

El léxico no se ha planteado globalmente como criterio clasificatorio, aunque tiene una importancia capital. Ahora bien, hay que ser cautos en este sentido, porque no cabe duda de que no es lo mismo un léxico patrimonial que un léxico de préstamo, ya sea de lenguas amerindias con las que el castellano convivió desde el principio o del inglés que presiona en ciertas zonas y en ciertos niveles culturales, o que un léxico reciente y nivelado por una norma más o menos común.

Queda por apuntar la importancia de un criterio que considere la morfosintaxis y la estudie en profundidad, lo mismo que la necesidad de un atlas de la entonación del español en
América, a la manera del que Michel Contini ha diseñado para el área románica.
En todo caso, parece razonable presuponer que los criterios tendrían que pertenecer a todos los ámbitos de la lengua y poseer la misma jerarquía lingüística y geográfica.

(…)

Los conceptos de “dialecto”, “nivel” y “estilo de lengua” y el sentido propio de la dialectología
Eugenio Coseriu
LEA Lingüística española actual, Nº3, 1981, pp. 1-32

Tal explicación [la del concepto dialecto] es, sin duda, necesaria y debe por lo menos intentarse, pues, …es cierto que el concepto mismo se halla muy lejos de estar firmemente establecido desde el punto de vista teórico, lo cual es motivo de frecuentes espejismos e incoherencias.

La palabra dialecto procede del griego…que significa modo de hablar y…es a su vez, un derivado del verbo…que significa hablar uno con otro…es decir, un modo común y tradicional de hablar que es un sistema de isoglosas realizable en el hablar mismo; y un sistema de isoglosas completo, es una lengua. En efecto, el concepto general de lengua es el de sistema de isoglosas comprobadas en una actividad lingüística completa, es decir, que consiente el hablar y el entender de varios individuos de acuerdo con una tradición históricamente común.

Los límites de la tradición pueden ser diversos, según los casos considerados, y hasta pueden establecerse convencional y ocasionalmente. Así, podemos hablar de la lengua de una familia, de un barrio, de una ciudad, de una región, de la lengua literaria española, de la lengua española del Siglo de Oro, etc.; todo sistema que pueda funcionar en el hablar (…) es una lengua.

Ello significa que también el concepto de dialecto cae bajo el concepto general de lengua y que entre dialecto y lengua no hay diferencia de naturaleza o sustancial. Intrínsecamente, un dialecto es simplemente una lengua: un sistema fónico,
gramatical y léxico.

Así, pues, en sentido objetivo (por lo que designa), el término dialecto -contrariamente a una opinión muy difundida- no significa otra cosa que el término lengua. Pero, si todo dialecto es una lengua, no toda lengua es un dialecto. En efecto, tanto en el uso corriente como en la lingüística, hablamos de dialectos de una lengua…En tales casos empleamos un concepto particular de lengua, que también cae bajo el concepto general de lengua como sistema de isoglosas pero no coincide con el de un sistema lingüístico inmediatamente realizable en el hablar. Se trata del concepto de lengua histórica o idioma, es decir, de lenguas cuyos límites…se hallan históricamente establecidos; en otros términos: de lenguas ya reconocidas históricamente como tales por sus propios hablantes y por los hablantes de otras lenguas… Es el concepto que se emplea también cuando se habla de las lenguas del mundo, cuando se dice que las lenguas románicas son diez, cuando se pregunta cuántas son las lenguas eslavas…etc.

En este sentido -que es, precisamente, el sentido en que estos términos se emplean en la dialectología- hay, entre lengua y dialecto, diferencia de estatus histórico (real o atribuido): un dialecto, sin dejar de ser intrínsecamente una lengua, se considera como subordinado a otro lengua de orden superior. O, dicho de otro modo: el término dialecto, en cuanto opuesto al de lengua, designa una lengua menor distinguida dentro de (o incluida en) una lengua mayor, que es, justamente, una lengua histórica (un idioma).

Una lengua histórica no es un modo de hablar único, sino una familia histórica de modos de hablar afines e interdependientes, y los dialectos son miembros de esa familia o constituyen familias menores dentro de una familia mayor.

(…)

…en todos los casos en que el criterio de delimitación es la existencia de una lengua común, los criterios del grado de semejanza intrínseca y de la intercomprensión se suspenden y quedan inoperantes (…) puede haber intercomprensión aun tratándose de lenguas históricas diferentes y, al revés, aun no habiendo intercomprensión, puede tratarse de dialectos de la misma lengua histórica.

(…)
…una lengua histórica, siendo, por lo común, un conjunto de sistemas lingüísticos interdependientes, no funciona, es decir, que no se habla, en rigor, como tal: no puede realizarse directa e inmediatamente en el hablar. En efecto, funciona (se realiza) solo a través de sus variedades : de los sistemas autosuficientes que abarque.

A este respecto se dice a veces que las lenguas no existen, que son abstracciones, y que solo existen los dialectos, que constituirían en este sentido la realidad primaria e inmediata del lenguaje…

…como la única condición para un dialecto es que se trate de un sistema de isoglosas incluido en una lengua histórica (lo cual no implica ninguna exigencia absoluta acerca de su extensión ni acerca de su configuración interna), también los dialectos pueden abarcar (…) toda una serie de variedades y, por tanto, como las lenguas históricas, las más de las veces funcionan en el hablar sólo de manera “mediata” (a través de esas variedades)…

Adviértase (…) de acuerdo con la actitud aludida, se llegaría a la conclusión paradójica de que no existen las lenguas como el español, el inglés, el italiano, etc., y solo existen las lenguas reducidas a un solo modelo de hablar (…) En realidad, el español existe como conjunto de tradiciones, es decir, bajo muchas formas, y, al mismo tiempo, como unidad ideal de estas formas.

Las variedades identificadas dentro de un dialecto serán a su vez lenguas o dialectos (…) según el punto de vista que se adopte. Se llamarán lenguas si se delimitan independientemente de su relación con otros sistemas (…); se llamarán dialectos si se delimitan directamente dentro de una lengua histórica (…) así el andaluz de Sevilla, si se considera absolutamente (…) será la lengua popular de Sevilla. Y si se considera desde el punto de vista de su estatus histórico será el dialecto de Sevilla.(…)

Es decir que tratándose de la relación lengua- dialecto y siendo el concepto mismo de dialecto un concepto relacional, (…) también la aplicación de la terminología correspondiente será relacional: los mismos términos se aplicarán a entidades diferentes y las mismas entidades se designarán mediante términos diferentes, según la relación que considere en cada caso.

Os adjunto en esta entrada información que me ha llegado sobre las cuestiones de las formas de tratamiento que hemos visto la última clase. En relación a la pregunta que se nos planteó sobre si el voseo chileno era escrito y oral o solo oral, no existe por lo visto una norma fija aunque parece evidente que no está del todo aceptado en la norma culta de ese país y por ello suele elidirse en la lengua escrita.

Fernanda Pulido, historiadora e investigadora chilena radicada en Barcelona, me dice que ella dice estái pero nunca lo escribe sino que escribe estás y tal vez sea algo que tenga que ver con su variedad diastrática (estudios superiores, clase media-alta, contexto urbano). Este ejemplo se puede contraponer -y complementar- con el que me facilita vuestro compañero Iván Bono:

“he hablado con un compañero de trabajo chileno —de la ciudad de Iquique, para ser exactos— acerca del voseo (…) Me ha confirmado que en formas verbales como tú llegái(s), tú comí(s), etc., ni se pronuncia ni se escribe la fricativa alveolar sorda implosiva. Ahora bien, lo que más me ha llamado la atención es que, en este caso, mi compañero me ha subrayado que escribiría ambos formas con “y” final. Aquí debo decir que desconozco qué nivel de estudios tiene mi compañero, pero diría que estos son elementales. Así pues, en mi opinión, este último punto debería corroborarse con algún otro informante.
Para terminar, le he hecho pronunciar entretenimiento: aunque pronuncia perfectamente el grupo consonántico -tr-, me ha confirmado que “en el campo” se tiende a una pronunciación fricativa [t͡ʃ] de dicho grupo. Espero que esta información te haya sido de alguna utilidad”

Por su parte, el profesor Antonio Torres (coordinador de esta asignatura) me aportó estos comentarios:

“Sobre el voseo, hay que tener en cuenta que en Chile, y en otros lugares, no es un fenómeno que tenga el prestigio del que disfruta en Argentina o en Uruguay, por ejemplo. Por eso, al identificarse con un uso popular de la lengua, puede haber resistencias a ponerlo por escrito. Sin embargo, de modo informal sí se escribe, y a veces con la forma que indica Iván, “estay”, porque la -s implosiva se ha perdido (la forma plena sería “estáis”). Recuerdo alguna novela de Enrique Lafourcade en que sí aparecía el voseo chileno en boca de diversos personajes. En cuanto a Costa Rica, cuando allí se ustedea, se emplea siempre el verbo en tercera persona. Lo que ocurre es que, aun siendo mayoritaria, no es la forma exclusiva, y también hay voseo (con forma verbal “sabés”, por ejemplo). El tuteo es una forma de reciente introducción, como en otros lugares, como Antioquia, en Colombia, que no se siente como propia de los costarricenses, así que se utiliza muuuy poco.”

Confirmando las ideas de Antonio, un colega de estudios, Sergio Cordero, filólogo y lexicógrafo costarricense, me aporta su experiencia y conocimiento sobre el tema:

“En Costa Rica, el ustedeo y el voseo fueron las dos formas de tratamiento generalizadas hasta hace pocos años; “usted” como forma de respeto y como forma de confianza (las dos), de ahí que sea las más utilizada, mientras que “vos”, pronominal y de conjugación monoptongada, se utiliza solo como forma de confianza (p. ej. “¿Vos querés salir hoy?”).
 
Yo me dirijo a un profesor o hacia una persona que no conozco con la forma “usted”, de igual manera, me dirijo con la forma “usted” hacia mi esposa, mi mejor amigo…, pero utilizo el “vos” solo como tratamiento de confianza, jamás utilizaría el “vos” con un desconocido o con una figura de autoridad.
 
P. ej.: A mi esposa “¿Quiere comer ya? o ¿Querés comer ya?
 
Como usted lo señala/como vos lo señalás (en C.R. los que utilizamos usted y vos solemos alternar continuamente entre ambas formas, en un determinado momento estamos hablando de “usted” y un momento después de “vos”, si el contexto lo permite), “usted” es la forma más extendida, de hecho, en algunas regiones de Costa Rica no se utiliza el “vos” en ningún caso, mientras que en otras esta última forma tiene algo más de arraigo.
 
Respondiendo a su/tu pregunta, en la escritura formal se utiliza siempre “usted”, sería muy extraño que en un contexto formal, en la escritura o en la oralidad, se utilizara el “vos”. Ahora bien, como se lo mencioné antes, la forma “usted” también se utiliza en contextos de cercanía, confianza, camaradería… de manera que en un texto menos formal también suele ser esta la forma más común, p. ej., un mensaje de texto por el teléfono móvil: “¿Quiere salir a comer hoy o prefiere que comamos en la casa?”

Espero que les sea de interés y utilidad y que participéis.

Esta cita de Norma Beatriz Carricaburo ([2003]. El voseo en la historia y en la lengua de hoy), refleja la variedad de las formas de tratamiento no solo en América sino dentro de unos mismos paises y la cantidad de factores que insiden en los distintos usos:

En España, el voseo resistió en algunas zonas aisladas. Por ejemplo, en Andalucía aún se empleaba en el siglo XIX, según surge de documentos literarios, por ejemplo, las novelas de Fernán Caballero. Se diferencia del voseo americano en que se registra para la confianza intermedia. Es decir, el tuteo es en dirección hacia abajo (hijos o criados) o igualitario, en la suma intimidad (entre hermanos o cónyuges), en tanto que el voseo se emplea para una distancia intermedia, en dirección de abajo hacia arriba (hijos a padres, por ejemplo), o en forma simétrica, cuando no existe suma confianza (por ejemplo, entre vecinos).
En América, el voseo ha persistido en gran parte de su territorio con distinta suerte. Se instala en la norma culta, en el Río de la Plata, pero es rural o subestándar en muchos países. En otros, como en Venezuela, se trata de una norma regional (es decir, que, en determinadas zonas, hay un orgullo localista por su empleo).

Hay muchos factores que contienden para su expansión o restricción más allá de los puramente academicistas. Por ejemplo, el factor político: los gobiernos nacionalistas o populistas contribuyen a la expansión del vos; factores ideológicos: la exacerbación latinoamericanista, que se nota especialmente en el reflorecimiento del voseo entre los jóvenes en el cono sur a partir de la década del 60; factores económicos: por ejemplo, el boom editorial español en los años 80, unido a una literatura que venía censurada y autocensurada en la Argentina, hacen que el voseo se reduzca o desaparezca en gran parte de la literatura actual; factores sociales: de prestigio o status; factores sexuales: el voseo está bien para los hombres, por ejemplo, en Guatemala, pero suena mal en labios femeninos; factores escriturarios: el voseo está limitado a la lengua oral, pero su uso no es correcto en la lengua escrita; otro factor: los medios masivos de comunicación, que hacen que unas zonas irradien sobre otras. Por ejemplo, en Montevideo, nos decían que, en los últimos años, los programas de Tinelli o de Pergolini, que se retransmiten allá, incorporaron, entre los jóvenes, el voseo pronominal, dado el prestigio contestatario que estos programas conllevan.

(…)

También en Venezuela, en especial en la zona andina, el “ustedeo” coexiste con el voseo. En Venezuela, el voseo es norma regional –es decir, que tiene prestigio dentro de la región– en el occidente, en el estado de Zulia. Allí los hablantes se enorgullecen de su empleo. Pero es subestándar en la zona andina. Allí se avergüenzan del uso, porque lo consideran incorrecto.

En Bolivia, hay dos zonas lingüísticamente diferentes: 1) La zona colla, al oeste y sur del país, y 2) La zona camba, al este y norte de Bolivia. En la zona colla, el tú alterna con el voseo pronominal, en tanto que la forma verbal es tuteante (salvo el imperativo que es tomá, comé y viví). En algunas zonas de Oruro, Potosí y Tarija, se emplea el voseo verbal diptongado o a la chilena. En la zona camba, se utiliza el usted para el sumo cariño y también el usted para el trato formal. Utilizan el vos para la confianza y como modo despectivo (es decir, en dirección de arriba hacia abajo), y consideran el tú propio de los collas. O sea, que otra vez el voseo aparece como norma regional.

Chile fue un país voseante hasta que llegó Bello y realizó una fuerte presión normativa en favor del tuteo. Sin embargo, el voseo siguió como norma rural y subestándar. Pasó algo similar a lo que ocurrió en el Uruguay, en el sentido de que se cambió al tuteo pronominal, pero no fue tan fácil de desarraigar el voseo verbal. En la década de 1970, ya algunos estudiosos advertían una extensión del voseo tanto en las capas sociales inferiores como en las medias y superiores. Este fenómeno habría comenzado a producirse a fines de los años 50 y principio de los años 60.

Algunos lo atribuyeron al menor peso de la gramática normativa, en tanto que otros consideran que forma parte de una expansión que se da en todo el cono sur, porque los habitantes han ido cobrando conciencia de su identidad latinoamericana, unida al debilitamiento de las barreras sociales y a la rebeldía de los jóvenes frente a las pautas de clase rígidas, impuestas por su clase, que los llevan a tomar como modelo a los estratos más desposeídos.

La revista cultural Ñ (Clarín, Buenos Aires, 2/9) publicó recientemente un especial dedicado a la lengua española en el que diversos especialista e intelectuales exponen ideas y críticas acerca de la situación actual del Español en América y en el mundo

En este artículo, la autora realiza un análisis diacrónico sobre el valor y el papel de la(s) Academia; un tema relevante por lo tanto a ciertas cuestiones mencionadas en clase.

La propuesta es la lectura y el comentario crítico de todos.

¿Qué metrópoli?.

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